Bolsas Sociales y su reglamentación

Desde hace tiempo hay personas que se interesan en poner el mundo empresarial al servicio del hombre, luchando contra la pobreza y las desigualdades. Como nuestros anteriores artículos lo dejan entrever (vea Que es lo que viene en Responsabilidad Social Empresarial (RSE)? o Por qué no todas las empresas son sociales?), existen muchos universos que agrupan a estas personas dando distintas formas concretas a estas iniciativas. Desde la Responsabilidad Social Empresarial al Emprendimiento Social, hoy existen herramientas para medir el impacto social y diferentes fuentes y formas para financiarlo.

Una de estas formas de financiación es la Inversión de Impacto (Impact Investing). Ella puede definirse como la inversión realizada por tenedores de capital llamado paciente, es decir, capital que no espera una rentabilidad inmediata ni de mercado. Un inversor de impacto, pone a disposición su capital esperando su reembolso a mediano o largo plazo, con una rentabilidad menor a la de mercado (y en algunos casos con una retorno de capital nulo), con la condición de que ese capital debe ser invertido en un proyecto o empresa con impacto social.

Este nuevo mundo, abre dos grandes ámbitos de reflexión. Por un lado, cómo canalizar esta masa de inversiones dentro de un marco legal que proteja tanto a inversor como beneficiario de la inversión. Por el otro, cómo medir el impacto social de un proyecto o empresa social. En este artículo nos focalizamos en el primer punto. En cuanto al segundo, ampliaremos la información en una próxima publicación.

La regulación de la llamada Finanzas Sociales, es decir, la canalización de la inversión de impacto, sus actores y sus estructuras, es un tema que comienza a preocupar. En este sentido, la académica estadounidense Sarah Dadush, investiga el marco legal de estas transacciones y cuestiona a las nacientes Bolsas Sociales (Social Exchanges) y su responsabilidad de trabajar en este sentido.

La profesora Dadush, en su artículo “Regulating Social Finance: Can Social Stock Exchanges Meet the Challenge?”, plantea varios puntos interesantes. Primero, propone que las Finanzas Sociales buscan resolver los problemas causados o agravados por la exclusión del mercado, y al mismo tiempo, buscan explotar las grandes oportunidades que existen en la “base de la pirámide”. Luego, sugiere que las Bolsas Sociales sirven hoy como laboratorios para la regulación de las Finanzas Sociales, desarrollando y testeando herramientas para distinguir las empresas sociales y los inversores de sus contrapartes convencionales, estandarizando las transacciones financiero sociales, y modelando las relaciones entre los stakeholders claves (inversores, issuer-business y beneficiarios). Finalmente, y desde nuestro punto de vista, lo más interesante, es que estas Bolsas Sociales confían demasiado en el ejemplo de las Bolsas de Comercio tradicionales que priorizan los intereses de los inversores por sobre aquellos de los individuos afectados por las inversiones y sus comunidades.

Este último punto parece una contradicción. Cómo una Bolsa Social que intenta canalizar inversiones que se interesan más al impacto social que al retorno sobre la inversión van a beneficiar al inversor por sobre el beneficiario? Parece que el resguardarse en la estructura ya existente y testeada de las Bolsas Comerciales tradicionales fuese más seguro e incluso más efectivo en términos de marketing respecto a los inversores que no están familiarizados con este mundo de las Finanzas Sociales. Pero de seguro no pareciera ser la respuesta más intuitiva ni la más lógica. Es así que la profesora Dadusha recomienda la inyección de fuertes protecciones para los beneficiarios en cada dimensión de la estructura de bolsa, de la definición de la misión al refuerzo de mecanismos.

En conclusión, es prácticamente innegable lo interesante de la propuesta de las Bolsas Sociales como estructura de canalización y refuerzo de las nuevas Finanzas Sociales. Sin embargo, la adaptación de mercados y mecanismos ya existentes a este nuevo contexto no está siendo adecuada, rigurosa y, por sobretodo, equitativa. Eso quiere decir que aún queda trabajo por hacer y que las Bolsas Sociales lejos están de ser un producto terminado.concretar que aprovechen la competencia que puede generar el mercado.

Referencias: “Regulating Social Finance: Can Social Stock Exchanges Meet the Challenge?” (http://clsbluesky.law.columbia.edu/2015/04/08/regulating-social-finance-can-social-stock-exchanges-meet-the-challenge/)

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